El «Mobile» debiera haberse celebrado... pero no es fácil gestionar el miedo

Lo único positivo es que, en Barcelona, aquellos a quienes les gusta jugar con fuego, habrán descubierto la verdadera importancia de este encuentro anual.

alt

La visión de MARKET VISION.


  • Otras ferias han tenido lugar este mes en Europa, también con mucho expositor de China, y no ha pasado nada (a pesar de las ausencias).
  • Si el Congreso hubiera pertenecido a Fira de Barcelona, probablemente se habría celebrado.
  • Las empresas de la GSMA tienen una imagen y una responsabilidad social.
  • La deserción de Ericsson, con sus argumentos sanitarios, fue el verdadero disparador.
  • LG y Sony pudieron tener otras razones para darse de baja. En el caso de Ericsson, cabría preguntar.
  • Explícale a tus equipos por qué tú sí que asumes un «riesgo para la salud» que otras empresas han creído ver.

 

Humberto Martínez - Director

El martes por la noche, es decir, el 11 de febrero, el autor de estas líneas regresaba a Barcelona en avión y en el aeropuerto era recibido, como todos los demás pasajeros, por un larguísimo y panorámico cartel de bienvenida de los teléfonos móviles Vivo, que de este modo saludaban ya a todos los que en los días siguientes iban a entrar en la ciudad por esa «puerta aérea» para asistir al Congreso Mundial de Telefonía Móvil, MWC. Sin embargo, para entonces Vivo ya había anunciado que no acudiría, y se cernían las dudas sobre la convocatoria en su conjunto. Grandes expositores habían comenzado a cancelar su participación. La bienvenida al viajero por parte de Vivo era una especie de «hola» desde la nada. Y no era este, ni de lejos, el principal ausente.

Los suscriptores de MARKET VISION han podido seguir con puntualidad a partir del 5 de febrero (cuando se conoció la primera baja, de LG) los acontecimientos que han conducido a la cancelación del MWC 2020, por lo que no tiene sentido reconstruir ahora la historia completa. Sí que merece la pena ahondar en lo sucedido ayer miércoles, cuando se tomó la dolorosa decisión.

A esa fecha eran ya una treintena las bajas acumuladas, con empresas de renombre como LG o Sony, de escaso tamaño en el mercado de telefonía pero gran notoriedad de marca. O como Facebook, Amazon (web services) o Rakuten, de la periferia de la telefonía. O de indudable peso en tecnología de redes, como Ericsson (su anuncio de que se apeaba fue el más duro golpe) o Nokia. Y, por último, grandes operadoras, a saber NTT Docomo, AT&T, Deutsche Telekom, y, finalmente, Vodafone e incluso Orange, que en la actualidad desempeña la Presidencia de la asociación GSMA, convocante del Congreso. Algunas de estas, con un anuncio abierto, ya que expresaban su voluntad de no participar, pero mantenían la decisión pendiente de lo que se acordase el miércoles 12.

Por su parte, ZTE había desconvocado la conferencia de prensa, y Samsung había informado que reducía el personal desplazado a la feria. Sólo dos compañías chinas, Huawei y Xiaomi, mantenían plena participación y todo el programa de actos. En esas circunstancias, la duda era cómo resolver el problema ya planteado. ¿Mantener un MWC de atractivo disminuido, a sabiendas de que también podía fallar mucho público, y de que los únicos beneficiados serían dos grandes actores chinos dispuestos a todo (en un sentido figurado, es decir, muy «echados para alante» en esta acción ferial)? ¿Cancelarlo? ¿Posponerlo?

Cuando ayer se reunieron en teleconferencia los principales miembros de la GSMA para adoptar alguna decisión, su propósito era lograr una cancelación basada en la alerta sanitaria. Sólo eso les habría librado de indemnizar a expositores y congresistas. Pero las administraciones públicas se negaron. Ni el Ayuntamiento de Barcelona, ni la Generalidad de Cataluña ni el Ministerio de Sanidad del Gobierno español estuvieron por la labor. Antes bien, asumieron la tesis contraria: En ninguna parte de España hay una situación de riesgo con respecto al ahora llamado Covid-19, y hasta dos días coronavirus de Wuhan. Y en ninguna parte de la península se ha detectado un solo caso de afectación (sí en los dos archipiélagos, como resultado de la llegada de viajeros que tuvieron contacto con portadores del virus, aunque con evolución satisfactoria). Declarar la alerta que hubiera convenido a la organización del MWC habría supuesto admitir una falsa realidad.

Otra alternativa que se barajó fue suspender y trasladar en fechas el Congreso. Hacer esto a las puertas del mismo era ya un enorme quebranto económico en sí, pero posiblemente no habría sido necesario indemnizar a nadie.

GSMA convoca tres ediciones del MWC al año. La más importante es la de Barcelona. Le sigue en relevancia la de Shanghái, que este año está programado para el 30 de junio al 2 de julio. Teniendo en cuenta que en China se han prohibido todos los actos multitudinarios para marzo y abril (lo que incluye ferias y congresos, que han sido masivamente cancelados o pospuestos), no es seguro qué pasará con la edición de junio. Quizá se celebre, pues a partir de mayo no hay instrucciones negativas en China, lo que en su caso tendría un efecto pernicioso sobre la imagen del MWC de Barcelona, ya que concentraría allí todo el interés del año. Una puñalada (no trapera sino casual, pero puñalada al cabo) para los intereses de Barcelona, de España, de Europa, y de la telefonía no asiática. De no tener lugar la convocatoria china, habría sido magnífico que la edición barcelonesa se trasladase a junio y ocupase su puesto. Pero Fira de Barcelona no dispone de espacio hasta el 20 de junio, aunque estaría encantada de acoger al MWC justo después de eso, una vez finalice el Sónar, un festival que también tiene fuerte proyección internacional y se ha ganado fuerte predicamento en el mundo de la modernidad. Por otra parte, junio y julio son temporada alta turística. ¿De dónde van a salir las camas necesarias? En todo caso, esa vía ha quedado descartada.

La opinión de MARKET VISION es que el Congreso debiera haberse celebrado. En este mes de febrero están cumpliendo con su calendario numerosas ferias internacionales en Europa, donde el tema de la neumonía de Wuhan ha estado presente. En todas se ha hablado mucho de ello, pero no conocemos que se haya producido en Europa ninguna cancelación. Las ferias se han celebrado y no ha pasado nada, excepto que muchos viajeros (expositores y visitantes) han expresado cierta inquietud, en algunas el número de visitantes ha bajado ostensiblemente, y también en algunas abundaban los stands chinos vacíos, pues el personal que debía atenderlos no pudo salir del país.

En el fondo, la raíz del problema para Barcelona ha sido el miedo de los occidentales. La actitud de la organización del MWC tampoco ha ayudado mucho, primero casi despreciando las preocupaciones con una respuesta tibia, cuando en enero dijo que no había problema y que extremaría la higiene (cosa que es correcta, pero que fue expresada de forma que parecía displicente); y después con una reacción excesiva, recomendando no darse la mano, no tocar objetos (cosa difícil en una feria de móviles) y asegurando el cambio de micrófonos tras cada orador en el congreso, lo que venía a introducir más recelos... «ah, entonces, ¿es que hay peligro?». No lo tomen como crítica. Es demasiado fácil decir esto pero, ¿qué habrían hecho ustedes, qué han hecho otras ferias, qué era razonable hacer y qué podía hacerse? Pues no mucho más, ni mucho menos. Digamos que en este caso se han dado las circunstancias para una tormenta perfecta.

Quizá para LG y Sony el coronavirus haya sido, además, la excusa idónea para salirse de una feria que les cuesta mucho dinero (se ha dicho que el precio mínimo del metro cuadrado en el MWC está por encima de 1.000 euros, a lo que deben añadirse los costes típicos de una feria: personal, desplazamientos, dietas, etc.), y que no les reporta tanto, puesto que el peso de ambas marcas en telefonía es muy reducido. Pero en las grandes multinacionales lo que se produjo, sobre todo después de la baja de Ericsson apelando a la salud de empleados y clientes, fue claramente un contagio de psicosis, compartida e impulsada por los trabajadores. De hecho, la retirada de Ericsson fue la que de verdad lo disparó todo. Lo demás habría sido asumible.

Si los empleados te dicen que no quieren acudir a un evento en el que te mezclarás con asiáticos potencialmente portadores de un coronavirus altamente peligroso (planteamiento tan simplista como falso, pero muy efectivo), ¿cómo vas a forzarles a acudir? ¿Dónde se queda tu imagen de empresa socialmente responsable? ¿Cómo te arriesgas a quedar ante los sindicatos como una compañía que envía alegremente a sus equipos a una zona de guerra biológica? ¿Y cómo explicas que tú no ves riesgo... donde el gigante de la telecomunicaciones Ericsson sí lo ve?

Sí, el símil es excesivo. Pero lo excesivo ha sido el miedo. Son, incluso, las familias las que han advertido contra esos viajes. Son sus compañeros de trabajo los que han dicho que, si ellos se trasladaban al MWC, mejor se quedaban de cuarentena antes de regresar a sus puestos de trabajo y compartir el riesgo asociado. «No me atraigas tus coronavirus contigo», podría ser la traducción del pensamiento.

Estos días se ha comentado la paradoja de que, algunas firmas que no acuden al MWC de Barcelona, sí que participan en el ISE (Integrated System Europe) de Amsterdam, que se desarrolla ahora mismo, del 11 al 14 de febrero, con nada menos que 240 expositores de China. Y por ello se ha querido sospechar alguna razón oscura para la decisión adoptada en Barcelona. Sólo en un caso particular cabría preguntar algo. Es el de Ericsson; una compañía que (como Nokia) compite con Huawei en las redes 5G, y que ahora parece abierta a aceptar una penetración de fondos estadounidenses en su capital. Pero no seamos conspiranoicos.

Una de las diferencias entre el Congreso del Móvil y otros salones es que MWC no pertenece a una entidad ferial. Probablemente si la decisión hubiera dependido de Fira de Barcelona, el Congreso se había celebrado. Pero la responsabilidad es de GSMA, integrada por grandes empresas de telecomunicaciones con sus propios comités de empresa y sus políticas de responsabilidad corporativa. Llegados a un punto de la cascada del pánico, a las grandes telecos alguien podía preguntarles: ¿es que no tienen ustedes conciencia sanitaria ni respeto a sus empleados?

En nuestra opinión, lo más razonable hubiera sido sostener la convocatoria y dejar que cada cual actuase según su criterio. Asumir que este iba a ser un MWC afectado por circunstancias extraordinarias, cuyos resultados habrían sido pobres; pero asumir, que, en efecto, «estas cosas pasan», y ya está. Con el transcurso del tiempo recordaríamos «aquel MWC del año del coronavirus», y en eso se quedaría todo.

En cuanto al enorme quebranto económico que lógicamente debiera comportar para GSMA, a causa de las millonarias indemnizaciones pertinentes, es probable que las cargas sean de algún modo compartidas por todas las partes. Ni a Fira de Barcelona, ni a los expositores perjudicados, ni a la hostelería y restauración de Barcelona, ni al Gobierno de España, ni a nadie en realidad, le interesa que GSMA y el MWC queden tocados y no puedan volver a convocar las ediciones de años sucesivos. La última noticia apunta a que una cláusula del contrato podría eximir a GSMA de indemnizaciones, aunque no de la devolución del dinero. Adicionalmente, parece que todo el mundo quiere trasladar entusiasmo hacia la edición de 2021. Pero permanezcamos atentos a qué sucede con el MWC de Shanghái.

Sabemos que lo que sigue es frivolizar, puesto que el daño que produce la cancelación es grande, y quizá no proceda buscar algo positivo. Pero, si algo positivo tiene, es que de una vez por todas las formaciones políticas que temerariamente han jugado con fuego en sus críticas ocasionales o su manipulación partidaria durante estos años, así como sindicatos y asociaciones del transporte que cada año han buscado el MWC como escenario para tensar a las autoridades llevando a esas fechas sus reclamaciones, puedan quizá descubrir ahora lo importante que es este gran evento, y la conveniencia de mimarlo algo más y no convertirlo en eje y teatro de otras confrontaciones. Se ha estimado que el MWC tiene un impacto económico sobre la ciudad que lo acoge (y sus alrededores) de unos 500 millones de euros, y que genera más de 14.000 empleos temporales.

Nada hace ver con tanta claridad la importancia de algo... como el riesgo de perderlo.



© 2020 - MARKET VISION